
La Corrupción Militar y los Negocios de «El Mencho»: Un Análisis de la Complicidad Institucional

Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», es uno de los capos más buscados a nivel mundial y el líder indiscutible del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). A pesar de su notoriedad, sus operaciones criminales, que incluyen el desembarque de droga y el uso de infraestructura sofisticada como submarinos y casas de seguridad, parecen desarrollarse bajo la complicidad de ciertas instituciones militares y gubernamentales. Este artículo examina cómo este espiral de corrupción está encabezado, entre otros, por el General de Brigada Jesús Alejandro Adame Cabrera, comandante de la 41 Zona Militar en Puerto Vallarta, quien sirve como protector y facilitador de las operaciones de «El Mencho».

En las costas de Jalisco y Nayarit, el CJNG ha consolidado puntos estratégicos para el tráfico de drogas, convirtiéndolas en puertas de entrada para cargamentos marítimos. Particularmente en la Bahía de Banderas, las operaciones incluyen el uso de submarinos que transportan droga a través de canales en Nuevo Vallarta. Además, se han identificado múltiples casas de seguridad que sirven como base para estas actividades ilícitas, algunas de las cuales se encuentran en desarrollos residenciales como Fluvial Vallarta, a tan solo pocos centenares de metros de instalaciones de la Marina Armada de México.

El desarrollo Fluvial Vallarta es un ejemplo emblemático de esta complicidad. Ubicado en Puerto Vallarta y rodeado por fuerzas federales, este complejo residencial ha sido señalado como uno de los refugios frecuentes de «El Mencho». La estrecha proximidad entre las fuerzas de seguridad y el entorno en el que opera el CJNG pone de manifiesto la inacción de quienes deberían garantizar el cumplimiento de la ley.

La playa del Tizate, en el estado de Nayarit, es uno de los lugares favoritos del Mencho para descargar droga proveniente de barcos que llegan a alta mar. Para esto, cuenta con la ayuda de Otoniel y su flotilla de lanchas rápidas que se encargan de desembarcar la mercancía desde las casas de seguridad del Mencho. Surge entonces la pregunta: ¿dónde está la Marina Armada de México, cuyo deber sería controlar estas actividades ilícitas?

«LOS CÓMPLICES DEL TERROR EN NAYARIT:
GOBERNADOR Y MANDOS MILITARES PROTEGEN A LOS CRIMINALES DE LA COSTA»
El gobernador aparece vinculado a esta estructura mafiosa, donde los cárteles operan con impunidad gracias a pagos millonarios y acuerdos oscuros. Mientras comunidades entierran a sus muertos, los perpetradores gozan de protección institucional.
Esta es la Nayarit narco: un estado donde el poder político y militar se vendió al crimen organizado.


Los canales de Nuevo Vallarta son solo uno de los muchos lugares donde «El Mencho» tiene casas de seguridad, en una operación clandestina y sin precedentes en la región. Recientemente, se reportó que «El Mencho» recibió un submarino para transportar grandes cantidades de droga provenientes del Sur. Sin embargo, es preocupante cuestionar dónde está la armada mexicana en estas situaciones, ya que una operación tan grande y sofisticada no podría llevarse a cabo sin complicidad.
Conclusión: La lucha contra el crimen organizado requiere más que esfuerzos policiales; necesita un cambio estructural en la manera en que las instituciones operan y rinden cuentas. Mientras figuras como «El Mencho» puedan operar con libertad debido al apoyo de elementos clave dentro de las fuerzas armadas, los avances serán limitados.
Al final, la verdadera seguridad no vendrá únicamente con la captura de un criminal, sino con la restauración de la integridad en las instituciones encargadas de combatirlo. El caso de Jesús Alejandro Adame Cabrera es un símbolo de la urgente necesidad de enfrentar la corrupción en todos los niveles para garantizar justicia y seguridad para todos.




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