En Nayarit, la figura del notario no es símbolo de seguridad, sino de saqueo legalizado. No es el guardián de la ley, es el cómplice con sello. ¿Qué pasa cuando la firma que debe dar fe de tu patrimonio es la misma que lo arrebata, que lava el fraude y firma tu despojo? Hoy no hablamos de rumores. Hoy exponemos a la mafia con toga: la dinastía Béjar. El apellido que convirtió la fe pública en su negocio familiar, el cartel que hizo de la corrupción su protocolo notarial. Donde otros ven un trámite, ellos vieron la mina. Y Nayarit pagó y sigue pagando el precio.

Los jefes del cartel: los hermanos Béjar Fonseca.

Los nombres propios de la impunidad: José Luis y Héctor Béjar Fonseca. Por décadas, no fueron notarios; fueron los arquitectos de un sistema corrupto. Su poder no nació de la ley, sino de sus nexos profundos con los gobiernos en turno. Cada administración que pasaba, en lugar de investigarlos, les renovaba su patente de corso: protección, complicidad y la garantía de que su sello seguiría siendo la herramienta perfecta para el despojo. Ellos no operaban en las sombras; operaban desde el escritorio notarial, blindados por el poder político que los protegía.

José Luis Béjar Fonseca: el núcleo del sistema corrupto.

Identificado por múltiples fuentes y víctimas como el cerebro operativo del entramado notarial corrupto en Nayarit, José Luis Béjar Fonseca encarna la impunidad con sello. Su perfil va más allá del notario: es un operador de poder cuyo ego y ambición moldearon un sistema a su medida.

  • El Notario Rey: Su necesidad de perpetuar su nombre llegó al extremo de nombrar a sus tres hijos como él, José Luis, un acto simbólico de una dinastía que creía intocable.
  • El Profesor Depredador: Desde su cátedra en la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), se le señaló sistemáticamente de abusar de su poder. Exalumnas y versiones recurrentes en corrillos universitarios lo acusan de hostigar y manipular a estudiantes, prometiendo calificaciones o favores académicos a cambio de relaciones sentimentales o sexuales, pervirtiendo por completo la confianza de la institución.
  • La Caída Tardía (e Incompleta): No fue la justicia ordinaria, sino una acción administrativa del Congreso del Estado la que, en 2023, finalmente le revocó su licencia notarial. Sin embargo, este acto —aunque histórico— sigue siendo una sanción insuficiente. Hasta ahora, no enfrenta cargos penales por el vasto expediente de presuntas raterías, fraudes y legalización de despojos que se gestaron por años desde su notaría. Su caso es el ejemplo perfecto: en Nayarit, a los jefes del cartel se les puede quitar la herramienta, pero no se les aplica todo el peso de la ley. La impunidad persiste.

Gloria Samantha Béjar Rivera: la santidad falsa y las finanzas sucias del cartel.

Si los hermanos Béjar Rivera son los arquitectos del fraude, Gloria Samantha es su ministra de finanzas ilícitas. Hija de José Luis, esta mujer ha construido una imagen pública de devoción, participando activamente en varias sectas y círculos religiosos de Tepic, donde se presenta como una persona de alta moral. Pero detrás del velo de santidad se esconde la operadora financiera clave del cartel.

Su función dentro de la estructura criminal es precisa y vital:

  1. La Cobradora: Es quien recibe y administra el dinero proveniente de las escrituras falsas y los actos notariales fraudulentos gestados en la Notaría 13.
  2. La Lavadora: Su especialidad es blanquear las utilidades delictivas. No se limita a esconder el dinero, sino que diseña los mecanismos para hacerlo desaparecer del radar legal.

La Conexión Internacional del Crimen:
Su círculo íntimo refleja su verdadero negocio. Se casó con un prófugo de la justicia danesa que utilizó a México como escondite. Esta alianza no fue casual: a través de las conexiones criminales internacionales de su marido y sus propias redes, Samantha Béjar ha canalizado los recursos ilícitos hacia una compleja red de empresas fantasma en paraísos fiscales, asegurando que el dinero saqueado a Nayarit nunca sea recuperado.

El Doble Rostro:
Gloria Samantha Béjar Rivera es el símbolo perfecto de la hipocresía del cartel: una “santita” en las iglesias de Tepic, y una lavadora de dinero en los registros offshore. Mientras predica devoción, su fortuna se construye sobre el fraude y el despojo que su familia legalizó con un sello público.

Héctor Manuel Béjar Fonseca: el notario-procurador, cómplice de un gobernador prófugo.

Aclaración fundamental: el prófugo es su protector político, el exgobernador Ney González Sánchez, quien lo nombró Procurador. Héctor Béjar Fonseca no ha huido; opera con impunidad desde su notaría. Su trayectoria es la de un operador leal al crimen de cuello blanco:

  • El Procurador Cómplice: Su designación como Procurador de la Fiscalía bajo el gobierno de Ney González no fue por méritos legales, sino por lealtad y utilidad. Desde ese cargo, lejos de perseguir el crimen, blindó y facilitó una red de despojos millonarios a fideicomisos públicos. Fue el brazo jurídico que dio apariencia de legalidad al saqueo, siendo el caso del FIBBA el más emblemático. Mientras su patrón, Ney González, desfalcaba, Héctor Béjar Fonseca ponía el sello de impunidad.
  • El Rector Desfalcador: Como «premio» o traslado estratégico, fue nombrado Rector de la Universidad Tecnológica de Nayarit (UT Nayarit). Allí replicó el modelo: su administración fue investigada por serios desfalcos a los recursos universitarios, demostrando que su método de operar —convertir lo público en botín— era consistente, ya fuera desde la procuración de justicia o desde una rectoría.
  • La Impunidad Activa: A diferencia de su patrón prófugo, Héctor Manuel Béjar Fonseca no se esconde. Sigue siendo titular de la Notaría Pública 26, un puesto que le garantiza influencia, ingresos y un estatus que burla a sus víctimas. Es el símbolo de un sistema que castiga al mandante que huye, pero deja intacto al operador que hizo posible el fraude. Su notaría sigue en pie, mientras los fideicomisos y la universidad que saquearon siguen en la ruina.

Héctor Béjar Fonseca: el notario oficial del crimen organizado y la corrupción gubernamental.

Después de su etapa como Procurador, lejos de retirarse, Héctor Béjar Fonseca consolidó su rol como el fedatario de confianza del crimen de alto nivel en Nayarit. Su actividad notarial encontró su cenit durante el sexenio de Roberto Sandoval y la era de Edgar “El Diablo” Veytia.

  • El Notario de la Corrupción Oficial: Durante el gobierno de Roberto Sandoval (hoy detenido y procesado por delincuencia organizada y lavado de dinero), Héctor Béjar Fonseca fungió como el notario oficial de la administración. Su firma y sello avalaron numerosos actos y contratos bajo la sombra de un gobierno ahora señalado como una empresa criminal. Las evidencias documentales y fotográficas lo muestran operando como el legalizador interno del desfalco institucional.
  • El Notario del Narco-Estado: Su clientela incluyó a figuras aún más siniestras. Fue el notario de Edgar Veytia, el ex-Procurador detenido en Estados Unidos y condenado por narcotráfico y conspiración criminal. Al servir a Veytia, Béjar Fonseca no fue un simple tramitista; fue un facilitador clave dentro de la infraestructura legal del “narco-estado”, blanqueando activos y formalizando los negocios de una de las redes criminales más temibles de la región.

Las fotos y los documentos no mienten: Héctor Béjar Fonseca aparece, firma en mano, junto a estos criminales confirmados. Su notaría no fue un negocio legítimo; fue una oficina de servicios especializados para delincuentes de cuello blanco y de narcotraficantes, un puente crucial entre el mundo ilegal y el registro público.

Conclusión: Si en la era Ney González fue el procurador cómplice, en la era Sandoval-Veytia se transformó en el notario embajador del crimen organizado. Su carrera demuestra que el cartel de los Béjar no solo se limitó al fraude notarial, sino que se integró verticalmente al corazón de las estructuras criminales que gobernaron Nayarit, usando la fe pública para darle formato legal a la corrupción y al narcotráfico.

A pesar de las evidencias abrumadoras, los gobiernos de Echevarría y Navarro han optado por la complacencia y la omisión cómplice. No han desmantelado la mafia notarial porque este no es un problema de una sola familia: los Béjar son solo el síntoma más visible de un sistema podrido. La red de corrupción se extiende a la mayoría del notariado en Nayarit, un cártel legalizado que los últimos gobiernos se niegan a tocar, demostrando que la impunidad, en Nayarit, también tiene sello y firma de quien está en el poder.

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La mafia de los notarios, los cárteles legales y la red de corrupción en Nayarit no termina aquí. Hay más nombres, más pruebas y más historias que destapar.

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