
El Ascenso de ‘El Sapo’: Presión Externa y Salud Precipitan un Cambio Histórico en el CJNG
En los pasillos del poder criminal, donde los movimientos son tan letales como silenciosos, se perfila una de las reconfiguraciones más significativas de la última década. La convergencia de dos fuerzas imparables —la implacable presión del gobierno estadounidense y el precario estado de salud del máximo líder— está forzando una sucesión de poder en el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En el centro de esta tormenta perfecta se encuentra Gonzalo Mendoza Gaytán, alias ‘El Sapo’ o ‘El 90’, quien, según fuentes de inteligencia, ha asumido el mando operativo de la organización.


El Legado de ‘El Mencho’ y la Sombra del Acero
Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, construyó un imperio basado en una violencia feroz y una expansión territorial sin precedentes. Sin embargo, ese mismo éxito lo convirtió en el objetivo número uno de las agencias antinarcóticos. Las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE.UU., iniciadas en 2019, han estrangulado progresivamente sus finanzas, mientras la captura o eliminación de sus lugartenientes clave ha debilitado su estructura. Este acorralamiento estratégico, combinado con rumores persistentes y creíbles sobre su delicado estado de salud, ha creado un vacío de poder que la organización no puede permitirse.

‘El Sapo’: No un Sucesor, Sino un Heredero del Terror
El ascenso de ‘El Sapo’ no es el de un novato, sino el de un operador endurecido y probado en los campos de batalla más brutales del crimen organizado. Originario de Michoacán y con apenas 34 años de edad, Gonzalo Mendoza Gaytán representa una nueva generación de liderazgo criminal. Fue identificado como el cerebro operativo tras el «narcorancho» de Teuchitlán, Jalisco —un sitio descubierto en marzo que funcionaba simultáneamente como campo de exterminio, crematorio clandestino y centro de entrenamiento para sicarios—, donde demostró una frialdad operacional extrema. Como líder del Grupo Élite Delictivo de Reacción Inmediata (GEDDRI) y mano derecha de ‘El Mencho’, su currículum está escrito con episodios de violencia selectiva y territorial, incluyendo su presunta responsabilidad en la desaparición de cinco jóvenes en Lagos de Moreno.
Su perfil encaja con lo que el CJNG necesita en este momento: un comandante táctico, despiadado y familiarizado con la logística de la guerra y el control territorial, particularmente en Jalisco, Michoacán —su estado natal— y la costa del Pacífico.


La Fortaleza en las Montañas: Control y Refugio
La operación del CJNG en esta región se sustenta en un control férreo del territorio. Desde las montañas de Jalisco, el cártel ejerce dominio sobre una red de municipios que van desde San Sebastián del Oeste hacia Guadalajara, muchos de ellos considerados «blindados» por su influencia. Sin embargo, el corazón logístico y de seguridad más crítico se encuentra en el municipio de Guachinango. A 130 km de Guadalajara y con una población de apenas 2,000 habitantes, esta localidad remota opera como la cueva principal y puesto de mando avanzado de ‘El Sapo’. Su elección no es casual: la geografía ofrece rutas de fuga fugaces hacia el monte, y la pequeña comunidad permite un control absoluto y un sistema de alerta temprana que, según reportes, anticipa cualquier operativo federal. Es en esta base donde, presuntamente, también se gestionan secuestros y se ejecutan a víctimas. ‘El Sapo’ se mueve allí protegido por una escolta de sicarios de élite y cuenta con múltiples propiedades utilizadas para esconder drogas, dinero en efectivo y arsenales, consolidando a Guachinango no solo como un escondite, sino como una plaza fuerte inexpugnable.


La Red Familiar: La Base Logística y Financiera
El poder de ‘El Sapo’ se extiende más allá de las montañas y se ancla en una red familiar que gestiona los negocios ilícitos y el patrimonio del cártel. Su núcleo familiar opera desde Bahía de Banderas, donde sus padres, Gonzalo Mendoza («Don Chalo») y Josefa «Chepita» Gaytán, presuntamente supervisan una cartera criminal que incluye secuestros y, de manera destacada, la administración de un vasto patrimonio de propiedades robadas o adquiridas por despojo en la región. Esta estructura familiar se ramifica con figuras clave como Jesús Gaytán, hermano de Chepita, quien residiría en Monteón y estaría vinculado al despojo de predios que después son utilizados por la organización. Por otro lado, su hermano, Abundio Mendoza Gaytán, alias «El Güero Abundio», a pesar de encontrarse en silla de ruedas tras un enfrentamiento, continúa activo en actividades delictivas como la extorsión. Esta división familiar del trabajo —donde unos gestionan el territorio y la violencia, y otros los activos y las finanzas— ilustra cómo el CJNG también funciona como un consorcio criminal familiar, dificultando su desarticulación al entrelazar sus operaciones con la vida económica y social de las comunidades.
Conclusión: El Desafío Institucional ante un Enemigo Enraizado
El perfil que emerge no es el de un capo aislado, sino el de un sistema: una estructura que combina la violencia táctica en las montañas de Jalisco, el control logístico en plazas remotas como Guachinango, y una base financiera y de lavado de activos gestionada por una red familiar en Bahía de Banderas y Monteón. ‘El Sapo’ personifica la evolución del CJNG hacia un consorcio criminal más diversificado y profundamente entrelazado con el territorio y la economía local.
Frente a esta realidad, la pregunta para las autoridades de todos los niveles es inevitable y urgente: ¿cuál es la estrategia para desmantelar no solo a un hombre, sino a toda una organización enraizada?
- Más allá de la Captura: La persecución de un «objetivo prioritario» es necesaria, pero insuficiente. ¿Existe un plan coordinado entre la FGR, la Fiscalía de Jalisco, la UIF y las autoridades estatales para atacar simultáneamente todos los frentes? Esto implica no solo rastrear a ‘El Sapo’, sino incautar el patrimonio de despojo manejado por su familia, interrumpir las cadenas logísticas en los municipios «blindados», y proteger a las comunidades que viven bajo este dominio.
- El Dilema de la Inteligencia: Si, como se señala, los operativos en lugares como Guachinango se «saben de mucho antes», ¿dónde está la falla? ¿En la filtración de información, en la falta de capacidad para acciones sorpresivas en terrenos complejos, o en la posible complicidad local? Revertir esta ventaja táctica del cártel requiere una revisión profunda de los protocolos de inteligencia y operación.
- Ataque a la Raíz Financiera: Las sanciones de la OFAC contra ‘El Sapo’ en 2019 fueron un paso clave. ¿Se está replicando y ampliando este esfuerzo de manera ágresiva y constante contra toda su red familiar y sus testaferros? La evidencia sugiere que la organización sigue adquiriendo propiedades; congelar y decomisar estos bienes debe ser una prioridad tan alta como las acciones armadas.
La sucesión en el CJNG es un punto de inflexión. Ofrece, a la vez, un momento de vulnerabilidad interna para el cártel y una prueba definitiva para el Estado. La respuesta no puede ser reactiva o fragmentada. Exige una estrategia integral que, por primera vez, enfrente con igual determinación al sicario en el monte, al extorsionador en la silla de ruedas, y a la familia que lava el dinero en la costa. La pregunta final no es dónde está ‘El Sapo’, sino si existe la voluntad y el diseño institucional para desbaratar el ecosistema completo que lo sustenta.
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